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No podemos pensar la misión sin nutrirnos nosotras mismas. Con esta certeza, un grupo de hermanas de la llamada generación bisagra —aquellas que profesaron entre los años 90 y los 2000 en Chile y Paraguay— decidió que su jornada anual no sería solo un espacio de encuentro y reflexión, sino una verdadera experiencia misionera.
Y no quisieron hacerlo en sus propios países. Eligieron salir más allá, hacia una obra de los hermanos en Argentina: la Parroquia San José, ubicada en el barrio Libertad de la diócesis de Merlo-Moreno, en el área metropolitana de Buenos Aires.
Una misión compartida
Del 22 al 28 de septiembre, las hermanas se distribuyeron en tres capillas de la parroquia —San Martín de Porres, La Merced y San Francisco Solano— para vivir junto a la comunidad días de encuentro, oración y cercanía. Previamente, realizaron una pre-misión que consistió en visitar y seleccionar las casas donde llevarían pequeños altares para rezar y compartir con las familias.
“Nos han recibido con mucha sencillez y cariño”, cuentan. Fueron invitadas a las casas, compartieron la mesa y participaron en las celebraciones locales, como una adoración organizada el viernes por la noche en Martín de Porres, o la fiesta patronal de La Merced, programada para el sábado.
Testigos y hermanas
La misión ha permitido a las hermanas entrar en contacto con una realidad distinta: un sector popular, marcado por la sencillez y la esperanza. Allí, el anuncio del evangelio se encarna en gestos concretos de cercanía: visitas, bendiciones en los hogares, adoraciones comunitarias y celebraciones en cada capilla.
“El clima ha acompañado, el ambiente es fraterno y todo está siendo muy bonito”, compartía a mitad de semana la hermana Graciela Garay ss.cc. La experiencia concluyó con celebraciones en las comunidades, una misa de cierre y un almuerzo fraterno con los hermanos SS.CC.
Nombres y rostros de la misión
De esta generación participaron las hermanas Jovita Campos, Marta Montecino, Celsa Medina, Graciela Garay, Yolanda Aguilar, Carmina López y Ana Mendoza. Se ausentaron, por distintos motivos de fuerza mayor por las distintas responsabilidades que desempeñan; Martina Barrios, Susana Dumrauf, Paola Reyes, Montserrat Montecino y la superiora provincial Soledad Molina quien se encuentra en una reunión de superioras en Roma.
Más allá de los nombres, lo que marcó esta experiencia fue la convicción común: como hermanas, seguir alimentando el propio corazón para anunciar con sencillez y alegría el evangelio donde se necesite.