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Siete hermanas SS.CC. participaron en el Congreso Nacional de la Vida Consagrada

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Con 266 participantes de todo Chile, el Congreso Nacional de la Vida Consagrada reunió en Santiago, entre el 8 y el 10 de agosto, a religiosas, religiosos, institutos seculares y vírgenes consagradas para reflexionar sobre el lema “Nuevas miradas a la vida consagrada”, en el marco del Jubileo de la Esperanza.

Por parte de nuestra Congregación participaron las hermanas Graciela Gutiérrez, Carmen Gloria Mancilla, Valentina Pérez, Irene Arias, Rosina Quintana, Nieves Silva y Marta Montecino, en lo que fue un tiempo de escucha, reflexión y mucha fraternidad.

La hermana Graciela Gutiérrez ss.cc. destacó que fueron “tres días de fraternidad y de compartir” en torno a ejes como; ser consagrados hoy, la invitación a “pasar a la otra orilla” y descubrir “nuevas miradas” para vivir la misión. “El padre jesuita Carlos Álvarez nos introdujo con mucha profundidad al tema de cruzar a la otra orilla, despertando interrogantes y sueños hacia una vivencia renovada de nuestra consagración a Dios”, dijo.

En la misma línea, Carmen Gloria Mancilla ss.cc. valoró cómo el llamado del jesuita las llevó a pensar en “un aggiornamento de nuestra propia tradición espiritual, a estar atentas a los cambios culturales y a revisar qué significa una obediencia adulta, que reconoce que hay varias autoridades que convergen en una sola”. También le hizo sentido la exposición de la hermana Mariola López rscj, por “las distintas cuerdas que se trenzan y que en el fondo podemos respondernos unas a otras, cómo la vida consagrada tiene que revisarse para pedir ayuda cuando estamos enfermas, ver quiénes son esos rostros que nos dan esperanza y cómo cuidar y concretar esa esperanza en nuestras comunidades”.

Para Valentina Pérez ss.cc., la metáfora de “pasar a la otra orilla” fue clave: “No solo como congregación, sino también como provincia y como comunidad, debemos ser valientes para cruzar y convertirnos en mujeres de esperanza”. Relató cómo Mariola López las invitó a contemplar las “cinco cuerdas” que sostienen la vida consagrada: “tenemos que buscar juntas un lugar donde una nueva vida se pueda gestar, emerger. Nuestros modos de proceder no son neutros. Aprendemos a través del viaje y Dios nos ha acompañado hasta aquí, y seguirá contando con nosotras ¿Podemos llegar a ser compañeras/os de esperanza? La cuerda con la que Jesús nos atrae hoy en los rostros dolientes de nuestro mundo. ¡Es una esperanza invencible! Este fin de semana fue una experiencia profunda con Dios, con mis hermanas y la vida Consagrada”.

Además, subrayó que la propuesta de “obediencia adulta” fue especialmente iluminadora: “Implica avanzar en una autoridad que no sea control, sino acompañamiento; dejar ser, reconocer lo que falta y abrirnos a pedir ayuda. Esto también es un acto de esperanza en la vida consagrada femenina de hoy”.

El encuentro también fue un espacio de gozo para la hermana Irene Arias ss.cc., quien valoró la diversidad de carismas presentes: “Fue bueno encontrarse con tantas congregaciones; la animación, los temas y las eucaristías estuvieron muy bien preparados. Terminamos con una procesión al Santuario de Schoenstatt por el año jubilar; fue redondito”.

Por su parte, Rosina Quintana ss.cc. definió el congreso como “renovador e interesante”, especialmente por el trabajo en grupos con religiosas de distintos institutos y la constante presencia de la imagen de la tempestad calmada por Jesús. “Estamos invitadas a morir al pasado, a superarnos siempre y a asirnos a las cuerdas que nos acercan a Él”, dijo.

Tres días de ponencias, diálogos, oraciones y celebraciones eucarísticas dejaron en nuestras hermanas la certeza de que la vida consagrada “es una esperanza que transforma”, capaz de renovar el compromiso con el Evangelio en medio de los desafíos de hoy.