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50 años al servicio de los demás

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Su liderazgo es innegable. Madre Irene, hermana Irene, Nené, o solo Irene es como nos referimos a ella quienes la hemos visto servir durante toda su vida con tremenda sencillez y generosidad. No en vano se le ha necesitado en varias oportunidades a lo largo de estos años, acompañando procesos, comunidades, iniciativas, proyectos e incluso a la congregación en formato de provincia o territorio. 

Son miles, sin exagerar, las vidas que se han visto impactadas por la de ella… Y es que su vida en si misma ese un testimonio. Testimonio de trabajo y entrega sin medida a la misión y a este carisma que conoció desde la Escuela Agrícola en Villa Alegre cuando la congregación se instala en la zona de San Javier. Su forma de acompañar, su modo de escuchar, su humor, su calidez, algo muy propio de ella que quienes la conocen reconocen inmediatamente.

Bodas de oro

Sus votos perpetuos fueron en el colegio de Providencia, y ahí mismo ha podido celebrar sus 25 y también sus 50 años que un día del aniversario de la muerte de la mismísima Buena Madre (23 de noviembre), dijo sí a caminar de la mano de los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Esta semana fue una avalancha de cariño y gratitud hacia ella y pudimos celebrarla en varios momentos para agradecer su compromiso de fe y alegría que ha tenido todos estos años. Celebrarla es recordar que la vida consagrada es, ante todo, una historia de amor y servicio.

En la Fundación Sagrados Corazones su huella es profunda: los abuelitos, las familias del jardín y los equipos han encontrado en Irene una palabra justa, una escucha sincera y una alegría que hace más liviano el camino. Su manera de estar ha sido en sí misma un acto de fe y de amor.  Este ha sido uno de los lugares donde su vocación se ha vuelto más luminosa. Allí, su presencia ha significado cercanía, dignidad y esperanza para quienes más lo necesitan.

¡Gracias Señor por la vida de nuestra querida Irene!